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Este es el barrio de mi infancia, en Barcelona. Mi familia vivía a 300 metros de este cruce. Cuando Xavier Miserachs tomó la foto, yo tenía 6 años. Hoy la Sagrada Familia ofrece un perfil más voluminoso y ya no se siente abandonada,  los semáforos se han multiplicado y los 4/4 están aparcados en la leyenda, más que en las aceras;  y si necesitamos un taxi, ya no podemos detener a uno de esos irrepetibles Seat 1400.

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Este libro - y en esta precisa edición- fue para mí una influencia decisiva. Vagabundeo y literatura, vida sencilla, naturaleza  y libertad, calidez humana y atención a las realidades esenciales, todo envuelto por un sugerente halo oriental. La California de beatniks y hippies alumbraba el camino hacia un mundo mejor,  y los jóvenes nos dispusimos a seguirlo, acompañados por una música que era mucho más que eso, era un catalizador, un espíritu, un hábitat.

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En una soleada tarde de marzo de 1976, Miquel L. Fletcher,  amigo desde los tiempos del parvulario, me retrató en el barrio viejo de Kabul. A menudo me he preguntado qué habrá sido de los cuatro chavales, ya que poco después el país inició una espiral de inestabilidad y violencia que aún continúa. Desde Afganistán descendimos hacia la India, donde pasamos 6 meses que cambiarían nuestra visión del mundo para siempre. Las lecturas de viajes y orientalismo y la música de aquellos años fueron mi auténtica universidad, y el viaje, la tesis. Con él, concluía el primer ashrama de mi vida.

Durante las décadas siguientes me ocupé en el sector turístico porque me permitía disponer de varios meses al año para vagabundear y escribir. Visité muchos lugares, aunque lo importante para mí nunca fue la cantidad, sino el control del ritmo y del tiempo, es decir, la libertad de decidir en cada momento si me quedaba o me marchaba, y hacia donde me dirigía. Colaboré con empresas como Altaïr, Golden Tours, BGB y Catalunya Ràdio, donde además de financiación encontré amistades maravillosas.

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El día 6 de diciembre de 2001, mi hermano Quim me acompañó en el Fiesta rojo de mi padre al muelle Príncipe de España de Barcelona y me retrató con el carguero alemán Dollart Trader, en el que yo embarcaba. Fue el inicio de un viaje alrededor del mundo que duró 14 meses y completé sin utilizar ningún avión, y que quedó descrito en Siempre el Oeste. Fin del segundo ashrama.

El tercer ashrama transcurre en Oriente. Desde mi primera visita a la India, a los 19 años,  intuí que así sería.  En los últimos años he prestado una especial dedicación a la cultura china, tanto a la clásica como a la presente. El proceso que actualmente experimenta ese país en todos los órdenes de la vida me parece apasionante, pero no puede interpretarse sin conocer las raíces.

Fruto de mi interés por la cultura china surgieron Tao. Las enseñanzas del sabio oculto y El Tao de la Energía, que publicó Kairós, la queridísima editorial que me nutrió de joven con tantas obras de Watts, Krishnamurti, Roszak, Maslow, Morin y un largo etcétera.

En Oriente existen muchas obras de arte que admirar, muchas ruinas sobre las que filosofar, muchas instalaciones eléctricas que reparar y, sobretodo, mucha gente con quién intercambiar conocimientos y puntos de vista. En otoño, Comanegra publica Cròniques Orientals, una recopilación de mis relatos semanales para Els Viatgers de la Gran Anaconda de Catalunya Ràdio.