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SIEMPRE
EL
OESTE.
La vuelta al mundo
sin
avión
y
sin
mapa.
Un viaje
íntimo
de catorce meses.
Hace muchos años, tuve la fortuna de encontrarme
en una corriente viajera que me transportó a Oriente: por tierra,
a precios económicos, utilizando los lugares de la gente de a pie.
No me dirigía a ningún lugar en especial, entre otras cosas porque
no disponía de la información necesaria. No tenía límite de tiempo.
Me dejé llevar, sencillamente. Aquel viaje fue fundamental en mi
vida. A finales de 2001, con cuarenta y cinco años de edad, pude
arreglarme las cosas y escapar catorce meses a dar la vuelta al
mundo. No estudié ni planifiqué nada. Salí dispuesto a dejarme
llevar por el oleaje de las circunstancias, recuperando el
espíritu libre de aquella travesía hippy ya alejada en el tiempo.
El viaje era el trayecto, y no el destino: por eso tenía que ser
por superficie, sin aviones. Y sin ideas fijas de ninguna clase,
excepto el rumbo: SIEMPRE EL OESTE. Atravesé el Atlántico y el
Pacífico en cargueros, recorrí el Amazonas de cabo a rabo, navegué
en velero por Indonesia, transité por el desierto australiano,
crucé una China desapacible y una Siberia hivernal. Me zambullí en
el magma de megalópolis como Lima, Yakarta, Shanghai o Moscú,
descubrí rincones placenteros como Vientiane, Iquitos o Nelson.
Dejé gotear el tiempo instalado en cafeterías cualquiera y
paseando por calles cualquiera. Fui gratificado con el ancho cielo
estrellado en el océano, la puesta de sol en la isla paradisíaca,
la mística del yermo, la exuberancia de la selva. Sufrí la
enfermedad, la estafa, el asalto. Sentí la plenitud y la soledad.
Conocí al compañero, al hospitalario, al presidente, al traficante
ilegal, al ladrón, al paria. Mi cuaderno de notas fue el compañero
fiel. Él guardó esa memoria que es la materia prima de SIEMPRE EL
OESTE, el libro que ahora presento. No refiere las hazañas de un
héroe, sino más bien las reflexiones y sentimientos de un
vagabundo. He pasado cinco inviernos
peleándome con él: uno en Barcelona, uno en la India del Sur, tres
en Laos. Me complazco ahora en concluir el ciclo vueltamundista con
su publicación, que modestamente aspiro a compartir con todos
vosotros. |